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viernes, 28 de diciembre de 2012

El 'milagro económico' alemán ha acabado

Vía www.eleconomista.es

¿La economía que mejor rendimiento ha tenido en la última década? Es una pregunta fácil. No ha sido Estados Unidos, y desde luego tampoco Reino Unido. Estas dos economías turboalimentaron su rendimiento con deuda, y después descubrieron que la comida gratis no existía. ¿Japón? Obviamente, no. Se quedó atascado en su segunda década perdida. ¿Francia, con sus altos impuestos? ¿Ha convertido un superávit comercial en un enorme déficit? Se podría defender el caso de Australia y Canadá, pero ahora mismo ambos tienen toda la pinta de haber estado cabalgando en la ola del auge de los productos básicos, y de que les aceche un batacazo a la vuelta de la esquina.
Sin lugar a dudas ha sido Alemania. Ha crecido de manera continuada durante toda la última década, con la misma rapidez, por no decir más rápido, que cualquier otra economía importante. Se ha convertido en una fuerza motriz de las exportaciones, vendiendo casi tanto por todo el mundo como China, sin el beneficio de la mano de obra barata, y con todas las desventajas de unos altos costes sociales y una jornada laboral relativamente corta. Alemania exporta productos por valor de 1,547 billones de dólares cada año, suma algo superior a la de Estados Unidos, que es mucho mayor, y casi el doble de la de Japón. Su deuda total se mantiene baja, y acumula grandes superávits comerciales año tras año. Se ha convertido en tesorera de la zona euro, y en la potencia mundial importante más estable en términos financieros. Es el país al que todos miran en busca de rescates, señal segura de éxito económico.
Si la primera Wirtschaftswunder, o economía milagrosa, duró de 1950 a 1970, la Alemania posterior a la unificación de la última década fue la segunda. Pero ahora parece estar kaputt, como dirían en Alemania. Para los inversores eso significa que vender en corto bonos y valores alemanes bien podría ser una de las mejores opciones para 2013.
Los últimos datos económicos procedentes de Alemania sugieren que su poderosa economía está empezando a tambalearse. La producción industrial -y todavía sigue siendo en gran medida una economía industrial- se contrajo un 2,6% en noviembre. Ahora el Bundesbank prevé un crecimiento de sólo el 0,4% en 2013, en contraste con la previsión del 1% de hace seis meses. Bien podría convertirse en toda una recesión.
Ciertamente, las economías experimentan ciclos. Hasta los más fuertes sufren alguna desaceleración ocasional, especialmente cuando todo el mundo está luchando. Pero hay tres motivos para creer que algo más serio está a punto de golpear a Alemania. En primer lugar, gran parte del auge de la última década llegó a lomos del explosivo crecimiento de los mercados emergentes, y de China en particular. No hay más que echarle un vistazo al destino de todas esas exportaciones alemanas. Sus vecinos de la zona euro son responsables de sólo el 40%, mientras que el resto del mundo lo es del 60%. Las exportaciones a China se han cuadruplicado en la última década, y ahora responden de casi el 6% del total, mientras que las exportaciones a Estados Unidos se han reducido del 10% del total de hace una década a aproximadamente el 6% en la actualidad.
El problema es que las exportaciones alemanas están muy concentradas, y también son vulnerables. La ingeniería mecánica, automóviles y productos farmacéuticos responden del montante general de lo que Alemania vende por todo el mundo. Creció extraordinariamente como proveedor de bienes de capital de ingeniería de precisión y herramientas de maquinaria para los mercados emergentes. Pero esas economías se desarrollan rápidamente y se están transformando en economías de consumo. Cada vez irán necesitando menos las máquinas alemanas para construir sus fábricas, ya que harán las suyas propias. Y, según se vayan enriqueciendo, esos países necesitarán menos bienes de capital y demandarán más bienes de lujo. Un coche alemán siempre será un producto prestigioso. Pero los nuevos ricos de China o Indonesia lo que querrán serán los smartphones estadounidenses, los vinos franceses o la ropa italiana, no el tipo de cosas que las compañías alemanas fabrican. La economía alemana se ha beneficiado mucho de una fase de crecimiento de los mercados emergentes, pero esa fase ya ha terminado.

Recesión en la zona euro

En segundo lugar, la recesión de la zona euro puede alcanzarla. Economías como Italia y España se mantendrán estancadas en la recesión durante mucho tiempo. La economía italiana se está contrayendo un 2% este año. La economía española se contrajo un 1,4%. El PIB de Francia está estancado. Así que no sólo es probable que se estanque la demanda del 60% de las exportaciones alemanas que se destinan al resto del mundo, sino que también sufrirá el 40% que se destina a la zona euro. Cierto es que la demanda nacional podría recibir parte de la inactividad, pero Alemania jamás ha desarrollado ese tipo de economía de tarjeta de crédito que permite, por ejemplo, a EEUU escapar de los desplomes de la demanda global. Si las exportaciones sufren, no es muy probable que los compradores alemanes acudan al rescate. Tampoco lo hará el Gobierno. A pesar de lo que a veces se lee, la deuda del Estado alemán es alta. Con un 82% del PIB no es tan alta como la de Italia, pero es comparable a la de Reino Unido y superior a la de España. Eso no deja espacio alguno para un estímulo importante por parte del Estado.
En tercer lugar, las letras de la crisis de deuda de la zona euro están empezando a vencer. Hasta la fecha no han costado dinero de verdad, simplemente una inacabable serie de maquillajes y promesas. De hecho, Alemania ha sacado beneficio del dinero utilizado para rescatar a la periferia. Le cuesta menos al Estado alemán tomar a préstamo de lo que les cobra a Grecia e Irlanda por los créditos. Esto no puede durar. Antes o después, gran parte de la deuda helena tendrá que cancelarse, y lo mismo ocurrirá con buena parte de la italiana y española. Las letras acabarán en Alemania, directamente en los libros del Estado, o en los balances de los bancos, que tendrán que ser rescatados. Acabará en una explosión de la deuda en un momento en que la economía se desliza hacia la recesión, e incluso podría forzar recortes en el gasto de la Administración.
Para los inversores, esto tiene un mensaje muy claro. Mientras algunas de las bolsas como Italia y España parecen relativamente baratas, siempre y cuando puedan superarse los problemas políticos, los activos alemanes parecen muy caros. El DAX se hundirá y los precios federales caerán bruscamente cuando el pasivo de Alemania resulte patente. ¿Contra qué apostar ahora mismo especulando que su valor va a caer? Alemania.
Matthew Lynn, director ejecutivo de la consultora londinense Strategy Economics.

jueves, 2 de febrero de 2012

Quizás la mayor falsificación de dinero de la historia

Fascinantes los blog que Marc Garrigasai nos ofrece, y además el final siempre espectacular.

Fotografías del mayor Krugër de las SS, y cerebro de la “Operación Krugër o Reinhard”, (fuente: British National Archives).
La Alemania nazi, uso una arma mortífera en la II Guerra mundial que casi hunde a Inglaterra y a los aliados. La falsificación masiva de millones de billetes de Libras esterlinas y de dólares norteamericanos. Una guerra se puede perder de muchas formas pero la mas clara es por la parte económica, y la Alemania nazi que no pudo invadir Inglaterra ni Estados Unidos, trató de hundirla inundándola de billetes falsos. El objetivo de Alemania, con esta estrategia, era provocar graves problemas económicos por un incremento de la inflación, y podría también minar al confianza internacional en la moneda del imperio británico en el comercio internacional. Obviamente falsificar moneda también le servia a Alemania para conseguir recursos sin coste para pagar a sus espías, a sus confidentes, para importar material militar, alimentario y industrial. Difícilmente, en una época de escasez por la II Guerra Mundial, podía diseñarse una operación mas positiva para Alemania y negativa para los aliados.
El plan fue ideado y dirigido por el mayor de las SS Bernhard Krüger, un antiguo ingeniero textil, con línea directa con Himmler, del 1942 al 1945. Los alemanes buscaron en sus registros policíacos, a todos los expertos falsificadores judíos y los concentraron, los separaron del resto de prisioneros, lo que obviamente les salvo la vida, y les dotaron de un nivel de vida aceptable, y les proporcionaron los mejores medios industriales, tanto en maquinaria como en el mejor papel moneda de una empresa alemana. Su único objetivo era conseguir billetes falsos prácticamente perfectos e indetectables. Este equipo de 142 prisioneros judíos fue llevado a principios de 1942 cerca de Berlín, en el campo de concentración de Sachsenhausen y luego también en el campo de Auschwitz. Se le llamo la “operación Krugër o Bernhard”.
A finales de 1943 aproximadamente, un millón de billetes eran impresos mensualmente, y muchos de ellos fueron transferidos al cuartel general de las SS, en el antiguo hotel cerca de Merano en los alpes italianos para lavarlo, pagando importaciones de todo tipo de bienes y también a espías y confidentes. Hay quien explica que los alemanes pagaron la liberación del dictador benito Mussolini en 1943 con estos billetes falsos, pero no se ha podido demostrar con ninguna evidencia clara.
El Banco de Inglaterra tuvo constancia por primera vez en 1943 de los billetes falsos, y reconoció que fue “la falsificación mas peligrosa que nunca había visto” .
En 22 de febrero de 1945, consiguieron la técnica y las planchas para imprimir el primer billete de $100. La oficina principal del Reich ordenó parar y desmantelar todas las imprentas para evitar ser descubiertas por los aliados ya cerca del final de la guerra.
En abril de 1945 Sachsenhausen fue evacuado ante el avance aliado. Las imprentas se estima habían producido 8.965.080 de billetes con un valor de  £134.610.810. Se consideraron las mejores falsificaciones nunca realizadas, siendo muy difícil o casi imposible de detectar. Se falsificaron billetes de  £5, £10, £20, y £50. Se estima que el total de billetes emitidos equivalían a nada menos el 15% de todos los billetes de libras esterlinas en circulación en la época.
En la evacuación de Sachsenhausen, todo el equipo y maquinaria fueron trasladados a las cuevas cerca del campo de concentración de Ebensee, en Austria. Las ordenes eran esconder las imprentas y matar a todo el equipo de 142 expertos falsificadores para no dejar rastro, pero la complicada logística en la fase final de la guerra les salvó la vida a todos. El campo Ebensee fue liberado el día 6 de mayo de 1945 por las fuerzas armadas norteamericanas. El judío eslovaco Adolf Burger, unos de los prisioneros del equipo de falsificadores sería quien escribiría con detalle sus memorias explicando esta increíble historia.
Se ha sabido que las lógicas ordenes de las SS eran las de matar a los 142 falsificadores, para no dejar ningún rastro a los aliados, e incluso que todos ellos lo sabían, pero falsificando conseguían ganar tiempo y conseguir un milagro que finalmente se produjo. En medio de la guerra al final salvaron su vida ante las prisas de la retirada nazi. Aquí finalizó la “operación Krugër o Reinhard”.
El mayor de las SS Krüger huyó a Suiza, con algunas libras esterlinas encima supongo yo, junto a una mujer, pero fue finalmente detenido por los ingleses y siempre negó la operación y no pudo probarse en juicio. Finalmente volvió a su vida normal y trabajó para la empresa alemana que proporcionaba el papel especial para imprimir billetes. Murió en 1989.
Es esta Web podéis encontrar varios de los documentos históricos sobre esta sorprendente historia.
No os perdáis la película “Los falsificadores” o Die Fälscher (The Counterfeiters) una película del año 2007, producción austriaco-alemana que relata con todo detalle esta increíble historia. El protagonista es el falsificador judío, Salomon ‘Sally’ Sorowitsch, el mayor experto falsificador del grupo de falsificadores de élite de Sachsenhausen. Dudo que en la historia económica moderna se nunca existiese un grupo tan amplio de expertos falsificadores y con todos los medios necesarios.
Es muy buena la escena en la película, en la que un militar alemán de incógnito viaja a Zurich, para ingresar los billetes falsos impresos en Sachsenhausen en su cuenta bancaria para comprobar su validez. Tras la respuesta afirmativa del banquero suizo tras analizarlo, el alemán con mucha sangre fría le comenta, “ya se que usted acaba de comprobarlos, pero le pediría a su banco un análisis mas profundo de estos billetes, ya que tengo ciertas dudas sobre su procedencia”. El banco revisó mas a fondo los billetes y la contestación fue que eran billetes totalmente válidos y de curso legal. Imaginaros la celebración del grupo de 142 prisioneros cuando reciben la noticia que han creado una obra maestra de la falsificación. Su vida dependía de la calidad de sus falsificaciones.
Ruzowitsky el director del film, consultó estrechamente con Adolf Burguer todo el guión de la película que relata la Operación Bernhard.
Buzos rescatando los billetes de libras esterlinas en el lago Toplitz en Austria (1959).
En 1959, unos buzos descubrieron millones de Libras en billetes en el fondo del lago austriaco de Toplitz, cerca de Ebensee, donde se ocultaron las imprentas y los billetes. Muchos de los billetes continuaron circulando libremente por Inglaterra, y el Banco de Inglaterra se vio obligado con los años a variar el formato de muchos billetes hasta que pudo finalmente sustituirlo por nuevos billetes.
Parece pues que en 1943 también se inyectaba dinero artificial a la economía europea, igual que ocurre hoy con los bancos centrales. La diferencia es que entonces el dinero llegaba a la economía real y en cambio hoy en día se queda en el sistema bancario.